miércoles 30 de septiembre de 2020 Edición Nº665

Información General | 17 feb 2016


Combatir el río de miseria

El 24 de febrero será la primera estación importante en el Plan de Lucha que los trabajadores han emprendido contra este Gobierno oligárquico, sinónimo de pobreza y mayor concentración y extranjerización de la riqueza. De Bienestar Popular cero. Y con la inflación por las nubes.

Por Juan Carlos Giuliani (*)

Lo que viene no será sencillo, ni muy distinto de lo acaecido en la etapa anterior. Sólo que esta vez la contradicción entre los portadores del modelo extractivista dependiente y el pueblo es más directa y visceral, despojado del maquilaje “progresista” utilizado para ocultar la entrega de nuestros bienes comunes. Con Macri, la casa está atendida por sus propios dueños. Ya no hay gerentes. Son los propietarios de casi todas las cosas los que han sentado sus reales en la Casa Rosada.

El patronazgo vernáculo y transnacional está de parabienes. Aunque no menosprecia el poder de organización y la experiencia resistente de los trabajadores y el pueblo a lo largo de nuestra historia. Por eso la Ley Antiterrorista aprobada en el Gobierno anterior es el instrumento fundamental con el que pretenden disciplinar a la sociedad y criminalizar la protesta.

El desafío es enorme porque la lucha es desigual. En esta encrucijada no hay espacio para los tibios. En momentos como el actual, cuando los interrogantes superan a las certezas, es conveniente echar una mirada hacia atrás para recordar lo que decían nuestros mejores compañeros en situaciones semejantes. El norte está ahí, en las sabias palabras de Germán Abdala: “Es preferible intentar un camino autónomo, propio, nuestro, que a lo mejor en principio sea tan doloroso como el otro. Pero el final del camino es nuestro, estamos construyendo nuestra nueva sociedad”.

El 24 de febrero los gremios estatales enrolados en la CTA Autónoma, con ATE a la cabeza, van a protagonizar –con el acompañamiento activo de la Central- una Jornada Nacional de Lucha para hacerle saber a Macri, los gobernadores e intendentes, de todo pelaje y color político, que no cambiamos salario por empleo.

Pareciera ser que en este vertiginoso avasallamiento a los derechos sociales el Gobierno sobrevalora la promesa de las distintas ramas de la CGT que le han prometido negociar paritarias a la baja y ser garantes de la “paz social”. En buen romance, que no van a hacer olas por un buen tiempo, o bien subestima la fuerza organizada del Movimiento Popular que siempre ha puesto el cuerpo para restaurar la justicia social. Propiciando la unidad de acción en la calle, en la pelea, alejada de los despachos y los acuerdos de superestructura. La unidad de acción entendida como un proceso, una construcción, que se irá dando con los actores sociales que estén dispuestos a luchar contra este injusto estado de cosas.

El Gobierno de Macri ha venido a estigmatizar al trabajador del Estado con el latiguillo de que la Administración Pública está colmada de “ñoquis”, y así está despidiendo a mansalva a nivel nacional, en provincias y municipios.

Ningún sindicato defiende a quien no va a trabajar todos los días, pero no se puede revisar caso por caso para detectar a los supuestos “ñoquis” con los trabajadores en la calle y las fuerzas de seguridad controlando que no ingresen a sus lugares de trabajo. Esta práctica de los hechos consumados es lo que la CTA Autónoma y sus organizaciones de base no van a permitir que se aplique impunemente.

Los despidos no son solamente patrimonio de los trabajadores estatales, sino que también están creciendo exponencialmente en la actividad privada. Hay cesantías en la construcción, metalurgia, industria petrolera, automotriz y han comenzado a destruirse puestos de trabajo en el sector de comercio y servicios.

Los despidos en el sector privado se dan sin intervención del Estado como protector de los derechos laborales, sino con la legalidad que da el propio Gobierno. Si recordamos lo que dijo el Ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, en el sentido de que en la discusión de paritarias los gremios tendrán que tener mucho cuidado de ver hasta dónde tiran la cuerda porque van a tener que priorizar más salario o mantener el empleo, claramente se trata de un chantaje, una extorsión. El Gobierno abre un paraguas que le da cobertura a las patronales privadas para promover los despidos cuando se produzcan conflictos gremiales en el marco de la lucha salarial.

Como bien dice el compañero Carlos del Frade, estamos padeciendo el “Plan DDT” (Devaluación, Despidos, Tarifazos). Esta tríada conforma el explosivo combo del ajuste. Luego de la brutal remarcación de precios producida desde la segunda quincena de noviembre hasta acá y de la devaluación del 40% provocada por el Gobierno, el salario de los trabajadores ha quedado pulverizado. Si a esto se suma el impacto del tarifazo en la energía y otros servicios, el panorama es desolador.

Por lo tanto, resulta prioritario recomponer el poder adquisitivo de los sectores populares y frenar los despidos y suspensiones. Los trabajadores no vamos a permanecer inmovilizados frente a la monumental transferencia de ingresos de los sectores asalariados a los grupos concentrados.

El 24 de febrero constituye una oportunidad para hacer sentir el descontento popular en las calles y plazas de todo el país. Implica, además, el prólogo de una Jornada Nacional de Lucha que la CTA Autónoma llevará adelante con otras centrales y organizaciones sociales en el curso del mes de marzo.

En su primer mensaje de este año el Papa pidió superar “el río de miseria” que crece en el mundo a través de la construcción de una sociedad más justa y fraterna: “"Dejarnos regenerar para vencer la indiferencia que impide la solidaridad y salir de la falsa neutralidad que obstaculiza el compartir", dijo Francisco en la Plaza de San Pedro.

He allí -seguramente- una de las principales tareas colectivas que demanda la hora.

* Secretario de Relaciones Institucionales de la CTA

OPINÁ, DEJÁ TU COMENTARIO:
MÁS NOTICIAS